lunes, enero 28

hoy desperte...

mientras
tanto
las palabras
se acumulan

no escapan
se detiene
en mi mente
atormentando
los recuerdos
imágenes
pasiones
vitalidad
no entiende
nadie

si existe
el tiempo
si existe
el momento

nada
es concebido
para curar
el dolor
del cuerpo
muerto

así cantaba
el muro

noche
de espacios

palabras
de alguien
en el desierto

..........................

si desean
pueden
borrar
el "nombre"
del
viajero

soy deudor
del mi
tiempo.


()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()

1

El pagano adornó con la vida sarcófagos y urnas:

los faunos bailan alrededor; forman un grupo estridente

con el coro de bacantes; al soplar el cuerno sonoro,

el de la pata de cabra emite un sonido tosco.

Címbalos, tambores suenan; vemos y oímos el mármol.

¡Un revuelo de pájaros, qué bien le sabe al pico la fruta!

No los espanta ruido alguno, mucho menos espanta a Amor,

que disfruta de la antorcha entre la variada multitud.

Así somete la exuberancia a la muerte; y las cenizas de dentro

parecen, en la región silenciosa, disfrutar todavía de la vida.

Así, este libro que colmó de vida en abundancia

envuelve el sarcófago del poeta.


5

Acostado en la góndola pasaba entre los barcos

del Gran Canal, muchos de ellos cargados

con diversa mercancía para nuestras necesidades:

trigo, vinos y verdura, leños, así como arbustos ligeros.

Pasamos por en medio de los barcos

veloces como una flecha;

entonces un laurel perdido me rozó bruscamente las mejillas.

Yo exclamé: Dafne (4): ¿me hieres?

Más bien hubiera esperado una recompensa.

La ninfa susurró sonriendo:

los poetas no pecan mortalmente. La pena es leve.

¡Adelante!

30

He ensayado muchas cosas: dibujo, grabado en cobre,

pintura en óleo; he impreso también en arcilla varias figuras,

pero he sido inconstante, y nada aprendí ni llevé a cabo.

En un solo talento casi alcancé la perfección:

escribir en alemán. Y así echo a perder yo, desventurado poeta,

en el peor material, por desgracia vida y arte.

34a

Dioses, con frecuencia se declaran amigos del poeta.

Y le dan lo que precisa. No necesita grandes cosas, pero sí algunas.

En primer lugar una habitación acogedora, luego una comida

aceptable,

algo bueno para beber; el alemán entiende, como vosotros, del

néctar.

Una vestimenta decorosa y amigos para hablar con confianza,

por la noche una mujer amada que anhele de corazón estar con él.

Estas cinco cosas naturales las deseo antes que nada.

Denme además idiomas antiguos y nuevos,

para escuchar lo que hacen los pueblos y conocer su historia,

vuélvanme sensible a sus creaciones artísticas.

Denme prestigio ante el pueblo, influencia ante los poderosos.

Y todo lo que al ser humano le parece conveniente.

Les doy las gracias, Dioses: han formado al más feliz

de los hombres, puesto que de estas cosas me concedieron

una gran parte.

34b

Entre los príncipes de Alemania, el mío (11) es pequeño.

Su país es limitado y estrecho, apenas puede hacer algunas cosas.

Pero si cada uno aplicara su fuerza hacia adentro, hacia afuera,

qué gozo sería ser alemán entre alemanes.

Pero ¿por qué lo elogias?, sus obras y hechos lo pregonan.

Tu admiración puede parecer tal vez soborno.

Me ha dado lo que los Grandes raras veces conceden:

afecto, ocio, confianza, campos y jardín y casa.

A nadie le debo nada, sólo a él, y le debo mucho

porque, como poeta, yo entendía muy poco de ganancias.

¿Europa me ha elogiado? ¿Y qué me ha dado Europa?

Nada. He pagado muy caro mis poemas.

Alemania me imitó. Y Francia quería leerme.

Inglaterra recibió gentil al huésped trastornado.

¿De qué me sirve que incluso el chino pinte

sobre el cristal con mano temerosa a Werther y Lotte?

Ningún emperador preguntó jamás por mí, ningún rey

me hizo caso. Y sólo él fue mi Augusto y mi mecenas.

41

Brueghel confunde, demoníaco y sombrío,

la mirada indecisa, y entrelaza figuras

con una turbia arbitrariedad.

Durero trastorna también nuestro sano cerebro

con cuadros apocalípticos: personas y al mismo tiempo quimeras.

El poeta despierta gran curiosidad en el oído asombrado,

cantando esfinges, sirenas y centauros.

El sueño conmueve al hombre preocupado

cuando cree atrapar algo y avanzar,

pero todo transita inconstante.

De igual modo nos confunde Bettina contemplando

sus dulces miembros; pero nos llena de alegría

cuando camina con pie firme.

47

"¿Qué locura padeces, holgazán? ¿Por qué no te detienes?

¿Vas a hablar en todo el libro de esta joven?

¿Por qué no entonas un canto más sensato?"

Espera, cuando comprenda su oficio mejor que ahora,

cantaré a los reyes, a los grandes de esta tierra,

mientras tanto le escribo a Bettina; impostores y poetas

se parecen mucho, les gusta buscarse y encontrarse.


Johann Wolfgang von Goethe
Epigramas
()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()

sábado, noviembre 24

siendo...alguien

Alguien escribe
de noche
versos
y cuenta
lirios
de angustia
...

no brilla
la sombra

---------------------------------------------------------------------------------------------
La Libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que á los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe averturar la vida; y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir á los hombres.

Miguel de Cervantes

Don Quijote de La Mancha, tomo II, Cap. LVIII.

---------------------------------------------------------------------------------------------

lunes, octubre 1

Existir!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

hoy quise escribir la sentencia de un caminate, la pasión diluida en agua en claro argumento vacío a mi favor, hoy espere sentado mientras la luna giraba en mis pupilas lluvia de nubes desgarradas.

hoy quise ser alguien diferente al ancestro inmovil vigilante del rocio
espere demaciado el alba marcada en cenizas de cielo
fui alguien.
gotas musicales infalibles amantes de medio día

detestan el ritmo de su cadencia amarga,
crean un arpegio golpeando lirios encadenados

(la noche
me necesita.)

domingo, septiembre 30

siendo alguien

III
el vergantín
pasivo
cruje
en la bruma
del silencio...

gotean estelas
en
la frente.

Observante
asustado por
el manto de lluvia
blanquecino

un lamento...

mi vida.

martes, agosto 21

Correspondiendo a la triste identificación del silencio.

despacio...
identifica tus errores
comprende el silencio que habita en ellos, la manera de flotar en los dedos. girando de noche en la nube del sueño.
golpes de humo en las pupilas, ajetreados trajes en el sótano. la vida.
encontrar la manera de esperar.....
sin sorpresas....

gotean las imagenes.cascada rutilante danzante solitario
así se describe el ritmo del silencio

El claro de Luna ilumina mi cadáver, elevando sonido de dicha!
letras desprendidas en un anhelo
olvidadas por el día.
si fuera preciso podría gritar
derramar cristalinas melodías
compuestas al final
de la lluvia.
un arpegio
presagia
....la agonía.


DESPEDIDA

...el caso no ofrece
ningún adorno para la diadema de las Musas.

Ezra Pound

Me despido de mi mano
que pudo mostrar el paso del rayo
o la quietud de las piedras
bajo las nieves de antaño.

Para que vuelvan a ser bosques y arenas
me despido del papel blanco y de la tinta azul
de donde surgían los ríos perezosos,
cerdos en las calles, molinos vacíos.

Me despido de los amigos
en quienes más he confiado:
los conejos y las polillas,
las nubes harapientas del verano,
mi sombra que solía hablarme en voz baja.

Me despido de las Virtudes y de las Gracias del planeta:
Los fracasados, las cajas de música,
los murciélagos que al atardecer se deshojan
de los bosques de casas de madera.

Me despido de los amigos silenciosos
a los que sólo les importa saber
dónde se puede beber algo de vino,
y para los cuales todos los días
no son sino un pretexto
para entonar canciones pasadas de moda.

Me despido de una muchacha
que sin preguntarme si la amaba o no la amaba
caminó conmigo y se acostó conmigo
cualquiera tarde de esas que se llenan
de humaredas de hojas quemándose en las acequias.
Me despido de una muchacha
cuyo rostro suelo ver en sueños
iluminado por la triste mirada
de trenes que parten bajo la lluvia.

Me despido de la memoria
y me despido de la nostalgia
-la sal y el agua
de mis días sin objeto -

y me despido de estos poemas:
palabras, palabras -un poco de aire
movido por los labios- palabras
para ocultar quizás lo único verdadero:
que respiramos y dejamos de respirar.

EL LENGUAJE DEL CIELO

El cielo habla un lenguaje gris,
y callan la grave voz del vino,
la leve voz del té.
Los espejos se fatigan
de repetir el nombre de las cosas.
No dicen nada. No dicen: "un visitante",
"las moscas", "el libro sobre la mesa".
No dicen nada los espejos.

Canción cantada para que nadie la oiga
es la esperanza de que esto cambie.
Niños que se acercan al ataúd del amigo muerto,
paso de ratas frente a la estufa en silencio,
el halo de humo pobre que hace rey al tejado,
o todo lo que desaparece de pronto
como el plateado salto del salmón sobre el río.

Una ráfaga apaga los ciruelos,
dispersa las cenizas de sus follajes,
arruga la vacía faz de las glicinas.
Todo lo que está aquí
parece estar verdaderamente en otro lugar.
Los jóvenes no pueden volver a casa
porque ningún padre los espera
y el amor no tiene lecho donde yacer.
El reloj murmura que es preciso dormir,
olvidar la luz de este día
que no era sino la noche sonámbula,
las manos de los pobres
a quienes no dimos nada.
"Hay que dormir", murmura el reloj.
Y el sueño es la paletada de tierra que lo acalla.

Jorge Teillier


jueves, julio 12

Sin fuerza


no
puedo
detener
la marea
que escapa
un instante
y roza
suavemente
con la contemplación
inútil.

domingo, junio 24

II

II
Golpea!
la marea
navega
en bocanadas
de humo,
gira
por la conciencia
de un perverso
libro
de hojas
muertas.


----------------------------
"es posible
la existencia
de mayores
palabras,
sueños
frágiles
desprendidos."

Estupideces ¡¡¡¡

para eso
gastan la poesía.


No entiendo¿


cual es la plegaria
en la vida
solo quedan
las palabras
como recurso.


...................continua.
----------------------------
La décima elegía
Que un día, a la salida de esta visión feroz, eleve yo
mi canto de júbilo y gloria hasta los ángeles, que asentirán. 
Que de los claros martillazos (20) del corazón, ninguno 
golpee mal en cuerdas flojas, dudosas o que se rompan. 
Que mi rostro fluido me haga más resplandeciente: 
que el llanto imperceptible florezca. Oh, entonces, cómo 
me serán queridas ustedes, noches de aflicción. 
Cómo no me arrodillé más ante ustedes, hermanas 
inconsolables, para recibirlas; cómo no me abandoné
a mí mismo, más suelto todavía, en su suelto cabello. 
Nosotros, derrochadores de dolores. Cómo por anticipado
los divisamos en la triste duración: por si tal vez 
tienen final. Pero ellos son, desde luego, nuestro 
follaje de invierno, nuestro oscuro verde perenne, 
-uno de los tiempos del año secreto, no sólo tiempo-; 
son lugar, asentamiento, lecho, suelo, domicilio.
Por cierto, ay, qué extrañas son las callejuelas 
de la Ciudad del Dolor, donde en el falso silencio,
fuerte, hecho de gritería, lo que ha sido vertido 
del molde del vacío alardea: el dorado estrépito, 
el monumento estallante. Oh, cómo un ángel 
les aniquilaría, sin dejar rastro, el mercado 
de consuelos, al que la iglesia rodea, la que compraron 
prefabricada: limpia, cerrada y desengañada como 
una oficina de correos en domingo. Fuera, en cambio, cómo 
se encrespan las orillas de la feria. ¡Columpios 
de la libertad! ¡Buzos y malabaristas del afán! 
Y el tiro al blanco de la felicidad acicalada, 
con figuritas, donde los blancos se tambalean 
como de hojalata cuando son alcanzados por un tirador 
más atinado. Del aplauso hacia el azar, sigue él, 
a traspiés; pues se anuncian puestos de todo tipo 
de curiosidades, tocan al tambor y chillan. Pero hay
para los adultos algo más especial que ver: cómo 
se multiplica el dinero, anatómicamente, no sólo 
por diversión: el órgano genital del dinero, todo, 
el conjunto, el procedimiento, esto instruye y hace 
fértil... 
...Oh, pero ahí junto, afuera, detrás de 
las últimas palizadas, tapizadas de anuncios 
de "Sin Muerte", de esa amarga cerveza, que parece dulce 
a sus bebedores, siempre y cuando mastiquen con ella 
diversiones frescas..., exactamente a espaldas 
de las palizadas, exactamente detrás, está lo real.
Los niños juegan, los amantes se toman uno al otro, 
apartados, con seriedad, en la pobre hierba, y los perros 
tienen la naturaleza. El muchacho es atraído más allá; 
quizás ama a una joven Lamentación... Tras ella va 
por praderas. Ella dice: -Lejos. Vivimos allá afuera. 
-¿Dónde? Y el muchacho sigue. Ella lo conmueve con su 
actitud. El hombro, el cuello... quizás ella es de noble 
origen. Pero la deja, se da la vuelta, mira en torno, 
hace una seña... ¿Qué se ha de hacer? Ella es una 
Lamentación.
Sólo los muertos jóvenes, en la primera condición 
de serenidad atemporal, la deshabituación, la siguen 
con amor. Ella aguarda a las chicas y se hace amiga 
de ellas. Silenciosamente les muestra lo que lleva 
consigo. Perlas de dolor y los finos velos 
de la tolerancia. Con los muchachos camina
en silencio.
Pero ahí, donde viven, en el valle, una Lamentación,
una de las más ancianas, se encarga del muchacho, cuando 
él pregunta: -Nosotras éramos, dice ella, una 
gran familia, nosotras, las lamentaciones. Los padres 
trabajaban en la minería, ahí en la gran montaña: 
entre los hombres, a veces encuentras un pedazo 
de dolor original, pulimentado, o lascas de ira 
petrificada del viejo volcán. Sí, esto venía de ahí. 
Alguna vez fuimos ricas.
Y ella lo conduce ligeramente a través del amplio paisaje 
de las lamentaciones, le muestra las columnas 
de los templos y las ruinas de los castillos, desde donde 
antiguamente, los príncipes de las lamentaciones 
con sabiduría gobernaban el país. Le muestra los altos 
árboles de las lágrimas y los campos de la florida 
melancolía. (Los vivos sólo la conocen como follaje 
tierno.) Le muestra los animales del duelo, paciendo, 
y a veces, un pájaro se espanta, y traza en el espacio, 
volando bajo, frente a ellos, de través, al ras 
de su mirada, la imagen escrita de su grito solitario. 
Al atardecer lo lleva a las tumbas de los ancianos 
de la familia de las lamentaciones, las sibilas 
y los señores del consejo. Pero se acerca la noche, 
así que caminan más quedo, y pronto se levanta, lleno 
de luna, el monumento funerario, que vela sobre todas 
las cosas. Es hermano de aquélla del Nilo, la sublime 
esfinge: rostro de la cámara callada. Y se asombran ante 
la cabeza coronada, que para siempre, silenciosamente, 
ha puesto el rostro de los hombres sobre la balanza de las 
estrellas.
Los ojos del muchacho no la aprehenden, todavía 
en el vértigo de la muerte temprana. Pero la mirada 
de la esfinge, desde detrás del borde del pschent, (21)
espanta al búho. (22) Y rozándola en lento frotamiento 
a lo largo de la mejilla, la de redondez más madura, 
el búho dibuja suavemente en su nuevo oído de muerto, 
sobre una hoja doble, abierta, el contorno 
indescriptible.
Y más arriba, las estrellas. Nuevas. Las estrellas
del país del dolor. Lentamente las nombra la Lamentación:
"Mira, aquí: el Jinete, el Bastón, y a la constelación
más llena la llaman: Corona de Frutos. Luego, más allá,
hacia el polo: Cuna, Camino, el Libro Ardiente, Títere,
Ventana. Pero en el cielo del sur, pura como en la palma
de una mano bendita, la clara M resplandeciente,
que significa las Madres...
Pero el muerto debe avanzar, y en silencio la anciana 
Lamentación lo lleva hasta el barranco
donde resplandece la luna: 
la Fuente de la Alegría. Con veneración
ella la nombra, dice: "Entre los hombres
es una corriente que arrastra".
Están al pie de la montaña
y ahí ella lo abraza, llorando.
Sube él, solitario, hacia los montes del dolor original.
Y ni siquiera una vez su paso resuena desde el destino mudo.
Pero si despertaran en nosotros un símbolo, ellos,
los interminablemente muertos, mira, señalarían quizás
los amentos (23) de los avellanos vacíos, colgantes, 
o pensarían en la lluvia, que cae sobre el suelo oscuro en 
primavera.
Y nosotros, que pensamos en la dicha creciente,
sentiríamos la emoción
que casi nos consterna
cuando algo dichoso cae.
 

(20) En el piano, el sonido se produce por mazos que golpean en cuerdas.

(21) La doble corona de los faraones, que representaba la unión del sur y del norte, del alto y del bajo Egipto; la llevó también la esfinge de Gizeh (actualmente, sólo conserva un fragmento).

(22) Anécdota autobiográfica, recogida en una carta a Magda Hattinberg (1 de febrero de 1914), sobre el viaje de Rilke a Egipto a finales de 1910, en el cual creyó escuchar cómo un búho, con el sonido de su vuelo, dibujaba la mejilla de la esfinge: "Detrás del saliente del gorro real que lleva la esfinge en la cabeza, salió volando un búho, y lentamente, con un sonido que se oía de modo indescriptible en la limpia profundidad de la noche, con su suave vuelo fue rozando su rostro: y en aquel momento, en mi oído, que por el hecho de haber estado horas y horas en el silencio de la noche había adquirido una agudeza muy especial, surgió el dibujo del perfil de aquella mejilla, como por un milagro."Sin embargo, Rilke escribió a Muzot sobre la imaginería egipcia de esta elegía, que "el país de las lamentaciones, por el que la anciana Lamentación guía al joven muerto, no debe identificarse con Egipto, sino verse como sólo una especie de reflejo del país del Nilo en la claridad de desierto de la conciencia del muerto."

Rainer María Rilke

“Las Elegías de Duino”